Posteado por: JaD | 6 noviembre, 2011

1° viaje-experimento

Por ahora no sé si mi cuerpo odia a mi espíritu, o es mi espíritu asqueado de mi cuerpo…

Día y lugar del comienzo del viaje: Ciénega de Flores, Nuevo León. 29 de Octubre de 2011

Boleto de ida: CÎROC

La idea original de escribir esto venía mucho más rica y disvariante a nivel literario; dejé pasar tiempo y ahora sólo tengo una cruda anécdota. Intentaré fusionar ambas.

Fui yo invitado a una fiesta en verdad fenomenal, de las primeras que tengo con mis compañeros de Medicina: carne asada (papa asada para mí), música, alberca; tarde fría y ventosa, danza de San Juan sobre el fuego (¡cálmate, Ibiza!), karaoke… Pero lo que en realidad más me encantó fue la gran amistad y simpatía que entre todos y todas nos demostramos, incluso en los chistes de doble sentido, el carro y los rollos amorosos, que entre compañeros nuevos nunca faltan.

En realidad toda la fiesta la había pasada libre de alcohol; sólo había consumido jugo de verduras y agua local, pues me había declarado internamente estudioso del sXe y abstemio… Más, retador y curioso desde siempre, me quedó la curiosidad de saber qué era lo que estaba alejando de mi vida. Ya había bebido antes, pero nunca había alcanzado un estado ni cercano a la media ebriedad (mi comportamiento “normal” en fiestas suele ser confundido); así que valía usar esa noche para experimentar, ya que casi todos se habían ido del rancho y sólo quedábamos 4 hombres. Sin problemas…

Conocer no es excederse. Y excederse no es malo si es sólo por conocer 😉 Dicen que casi todos los médicos son adictos al café y los carbohidratos; que la mayoría bebe alcohol y más de la mitad fuma. No quisiera ser de esos médicos… Más debo formar parte de esas cifras por un tiempo y salirme a tiempo, para vivir y saber de fuente propia y verdadera.

Tomé, mientras escuchaba música electro al aire libre con un amigo, 1 litro de vodka directo de la botella, alternando con 2 tostadas embarradas etéreamente de frijoles con chile, en menos de 20 minutos. Arde mucho cuando entra el vodka, y los frijoles y el chile no atenuaban ni su sabor ni ardor en mi cuerpo; sentía como si me fueran a hacer una bariografía de estómago, y cómo el reactivo me abrasaba el ducto gástrico. Iba y me sentía bien hasta la media botella, en que ya me sentía valiente, ya no me ardía el vodka y el frío era cosa inventada por el pueblo. A partir de los 800 ml. tomados, ya empezaba a caminar por curvas peligrosas, a reírme de chistes del pasado y escuchar los lamentos futuros de mi cuerpo, acallados por mis caídas y los cadillos… Oficialmente estaba pedo. Ya habían decidido que dormiríamos todos, pero mi cuerpo embrutecido y consciente de su estupidez clamaba por terminar el experimento de forma satisfactoria, así que mis celadores accedieron a acompañarme, previa explicación de lo que me sucedía y perseguía, y así fue como los últimos 200 ml. resbalaron por faringe, esófago y estómago. Completo y exitoso, decidí apoyarme como se me permitía en una columna para ver las estrellas, horas antes diamantes hermosos que veía brillar, abrazado de una chica piel ojo de tigre, no menos hermosa… Más en esta segunda observación astronómica no reconocí a Orión, ni a Alfa Centauri, señalando románticamente el cielo con la derecha y mostrando afecto con la izquierda; sólo notaba mis ojos moverse insesante y levemente, barajando borrosos puntos que se movían, iban y venían a mí. Después fue el suelo el borracho que me veía a mí moverme, irme y regresarme hasta que le dí una gran abrazo. La fase primordial de mi investigación había dado sus frutos, y dejé para la mañana la cosecha, cosa que mis compañeros aprovecharon para cochecharse un buen rato de humor negro y cremoso…

La segunda y más espiritualmente amarga parte del viaje empezó al ver los rayos de luz, sables láser para mi cabeza, y el viento, que parecía mecerme a contra mía. Me volví un reptil: llevaba el fuego dentro y deseaba fervoroso sentir el sol quemante en todo mi cuerpo, única cosa que realmente podía sentir así. Bajaba en picada, sólo tomaba agua y me volvía a orear la humanidad carbobizada y con olor y reunión regia de leña, bistec y cerveza. Siempre he tenido miedo de vomitar, más esta fue la reacción más deliciosa y esperada por mí… Fue un bautizo de mi interior para la tierra por permitirme en ella probar, por primera y última vez, esa curiosa sensación. Bebí un té comercial y acompañado tomé dormido el Metro, para llegar después en camión a mi casa. Por dormir me bajé quién sabe dónde y me perdí una hora, tras la cual encontré un acueducto con pinta de río en el  bosque, que me ayudó a ordenar misrecuerdos y pensamientos, mi sentir y mis reacciones viscerales. Consejo para un buen amigo: no es atractivo para la mayoría de chicas los hombres que fuman y toman, y las intentan cortejar fumando y tomando. Pero igual no era para nosotros esa chica (o eso es lo que ella nos quiere hacer creer).

Comprobé varias cosas: A los vegetarianos y a quienes estamos en ayunas nos golpea el alcohol más rudamente (la carne sirve muy bien de esponja). Entre más rápido bebas y más fuerte sea la bebida más rápido te embriagas y más fuertes tus síntomas. Beber algo carbonatado y azucarado te alivia de los efectos de beber bestialmente. Y nunca duermas estando ebrio. Menos acompañado.


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